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Territorios de la infancia

septiembre 19, 2010

Sergio Leone declaró una vez que su revisión del  western, mucho más violento, con duelos más largos y más numerosos no era más que una reconstrucción de como recordaba él los western cuando los veía de pequeño, llenos de tiros y peleas. A fin de cuentas jugar a los vaqueros era una actividad infantil estandar  en gran parte del siglo XX. No deja de ser curioso como la desestructuración del western clásico que ejerció Leone y que de hecho sustituyó el imaginario del western para siempre tenga un origen en una cierta regresión a la infancia. Pero claro, la infancia es un terreno donde la violencia late de una forma no culpable

Esto tiene cierta relación con el cine de terror de los 80. El cine de terror en esa decada tuvo cierta tendencia hacia la infancia, aunque una cierta censura interiorizada lo deslizó hacia el mundo adolescente. Pero recuerden las niñas cantando la canción de Fredy, Mike Myers como hombre del saco de Halloween (celebración tipicamente para niños en los USA) o Jason Voorhoes como tipico protagonista de historia de terror de campamento infantil. De hecho, la que en mi opinión es la mejor película de terror de los 80, Evil Dead (o si lo prefieren Posesión Infernal) tiene un imaginario infantil que remite a los filmes de Disney, las máscaras de Halloween, los cuentos de hadas y las historias de campamento.

Todo esto tiene relación con esa especie de percepción de los 80 como una edad de oro del cine infantil por éxitos como Los Goonies, El secreto de la Piramide, ET, Una Pandilla Alucinante o Gremlins. En la mayor parte de ellos, el universo infantil se muestra aislado del mundo adulto (Esa genial idea de Steven Spielberg de dejar las caras de los adultos en fuera de campo durante los dos primeros actos de ET, salvo el de la madre), delirante en sus fantasias (grutas de piratas, extraterrestres, duendecillos o los monstruos de la universal) y un cierto tono de terror. Es curioso pues que el cine posclásico haya entrado en el imaginario infantil. De hecho el estilo Spielberg que marcó ese tipo de cine es un estilo marcademente posclásico. Tal vez es que la infancia sea un terreno de cierta psicosis…

Todo esto viene a cuento por una de las mejores peliculas del año pasado: Where the Wild Thing Are. El filme, basado en el corto libro de Maurice Sendak, del que aqui les enlazo un excelente resumen en forma de corto de animación, nos muestra a un niño que tras atacar a su madre se refugia (de nuevo el delirio) en un mundo fantástico donde unos monstruos un tanto pulsionales juegan con él con grandes dosis de violencia y donde la amenaza de la muerte (los monstruos hablan de devorar al niño) planea todo el rato. Spike Jonze unifica un cierto tono Spielberg con un estilo europeo, lo que hace que el filme sea un filme infantil incomodo para las audiencias adultas (habría que preguntar a los niños su opinión) que perciben un filme psicótico, que recuerda a David Lynch por esa huida delirante al atacar a la madre que remite a las huidas sicóticas de los protagonistas de Carretera Perdida y Mullholland Drive, de los que siempre sospechamos que no quieren aceptar sus crimenes pasionales. Es decir, en este filme el territorio de la infancia es desde luego el de la psicosis.

Claro que quizás haya un territorio de la infancia que no se viva como psicótico y por tanto no sea propio del cine posclásico, sino más bien sea propio de una escritura más primitiva y por tanto más preconsciente. Se trata del muy divertido y curioso filme Panique au Village

Este filme nos muestra muñecos en una aventura disparatada que resulta salvaje, imaginativa y más cercana a la realidad de las aventuras que jugabamos de pequeños que el comienzo de Toy Story 3. Pero eso es lógico, pues Toy Story 3 no es una pelicula para el niño de hoy sino para el adulto que recuerda como era ser niño. En concreto Toy Story 3 esta realizada para el que era niño cuando vió la primera parte. Pero quizás todos los filmes infantiles en el fondo son para adultos que quieren encontrarse con su niño interior y sólo una pelicula tan “marciana” como Panique au Village puede mostrarnos lo que sería una verdadera pelicula para niños.

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3 comentarios

  1. La sección “6 en Ranking” del programa Tonterías las Justas lleva unos meses causando furor entre el público infantil y juvenil. Consiste, básicamente, en hacer con tu colega el bestia delante de una cámara.


    • Bueno, Jack Ass ya tenía mucho de gamberrismo infantil…y si pensamos que Spike Jonze ha participado en el famoso programa de la MTV y es el director de Where the Wild Things Are, pues ya esta todo conectado.


  2. Gran comentario, y muy atinado, el de Anteo, y gran verdad, pese a que Pablo Motos (el productor), me produce bastante grima… de hecho, he oído críticas que clasifican “Tonterías las justas” como infantil… quizás por eso arrasan en audiencia, en detrimento de mis amados “Sé lo que hicisteis”, que la han cagado con eso de hacer entrevistas…
    “Donde viven los monstruos” me pareció absolutamente genial por su oscuridad y porque me reconocí con el monstruo de Carol, traicionado por el jodido niño de las pelotas…
    En la pasada Feria del Libro, mientras curraba en la caseta, pude leer en la magnífica y muy recomendable revista Clij sobre literatura infantil y juvenil, un análisis asombroso y certero sobre el fenómeno Gerónimo Stilton, unos libros llenos de dibujos que cuentan las aventuras de un ratón adulto que, en el fondo, sólo desea vivir tranquilo, comer queso y moverse poco, al mejor estilo Haddock, pero que siempre es arrastrado a las aventuras más alocadas, todas ellas con una mezcla entre Los Goonies (en el fondo no hay genereciones tan distintas) y Tintín, algunas de ellas revisitando clásicos como “La isla del tesoro”. El artículo lo escribía un padre cuyo hijo era un fanático del ratón de marras, y una respuesta a la crítica especializada que había puesto a caldo los libros del ratón por entender que no eran lo más recomendables para el aprendizaje de niños de nueve a catorce años. Como siempre, algún guay del Paraguay oficial diciendo lo que es bueno o malo, recomendable o saludable. El caso es que el hijo del que escribía el análisis respondía a tal polémica con esa honestidad kamikaze que sólo puede tener un niño: “me da igual que os guste o no a los mayores, lo importante es que me guste a mí”… Pues eso, una desgracia eso de dejar de ser un niño…



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