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Vampiros

septiembre 27, 2010

No voy a aburrirles con el típico comentario sobre los orígenes del vampiro y su relación con mitos griegos, los incubus y sucubus y demás erudicciones que no vienen al caso. El origen del vampiro tal y como ha pasado a nuestro imaginario actual tiene tres origenes literarios claros: El vampiro de Pollidori, del que muchas han visto una transposición del aristocrata decadente inspirado en Byron y que hermanaría al vampiro con Don Juan y con Dorian Grey, el Drácula de Bram Stoker, que profundizaría en los aspectos sexuales y pulsionales de la criatura, y Varney el vampiro, olvidado folletín que haría que el vampiro estuviera envuelto en una aura trágica y meláncolica.

Si el XIX creó al vampiro literario, es el XX cuando el vampiro entra en el imaginario colectivo gracias al gran vehículo portador de mitos de dicho siglo: El Cine. La primera transposición de verdadera importancia del vampiro sería el filme de Murnau, Nosferatu, adaptación “pirata” del Drácula de Stoker, que Murnau lleva al terreno del miedo al extranjero y la enfermedad, conectando con ese estado mental que tenía Alemania en ese momento y que llevó al auge del nazismo una decada despues.

Hollywood, como dice David Pirie en su muy interesante libro El Vampiro en el Cine, adaptó la figura del vampiro con cierta incomodidad, pues el cine clásico se vió un tanto reacio a aceptar lo sobrenatural. La Universal prefirió siempre al monstruo de Frankenstein, creado a través de la ciencia (aunque fuera Weird Science) y otros filmes famosos como La Marca del Vampiro optaron por explicaciones a lo Scooby Doo donde el vampiro no era más que un engaño. Drácula sólo tuvo su adaptación oficial, la de Browning con Bela Lugosi, y una secuela no demasiado conectada con aquella, La Hija de Drácula, antes de pasar a las fases de declive del cine de terror: Primero las monster smash (reuniones de monstruos, donde frankenstein solía ser el protagonista) y  despues las parodias con Abbot y Costello. El Drácula de Browning mostraba, eso si, a un vampiro de cierto atractivo aristocrático aunque decadente, muy relacionado con ese imaginario que el americano medio tiene de europa, y que de forma bastante divertida retrataba Kubrick en Eyes Wide Shut.


(a partir del minuto cuatro)

La Hammer realmente llevó al vampiro a un nuevo nivel al acentuar los aspectos sexuales de Drácula. Es quizás en ese momento cuando la relación del aristocrata decadente y el sexo se hace más explicita que nunca, mientras que los enemigos del vampiro son descritos como fanáticos religiosos puritanos

A partir de ahí, el vampiro entra en una cierta decadencia y en realidad Pirie considera que el icono vampirico es susituido (él lo considera más bien una evolución) por el zombie estilo Romero. Claro está que el Zombie no es un monstruo sexual, sino político, lo que quizás lo hermanaría con el Nosferatu de Murnau. La decadencia del vampiro llevó a que el director Tom Holland declarará que la parodia y la autoreferencialidad eran las unicas formas de acercarse al género vampirico en los años 80, durante la promoción de su muy divertida Noche de Miedo.

Pero lo que Tom Holland no contaba es que el vampiro se estaba renovando en el medio que fue su origen. Ann Rice llevó al vampiro a una nueva dimensión en su sobrevalorada Entrevista con el Vampiro. Pero esta dimensión no era un cambió en si en el mito, porque todo el contenido “emo” del vampiro ya estaba en Varney, y aunque de forma tangencial, ya había sido visto en ciertas peliculas, como esta escena del remake de Nosferatu por Werner Herzog

No, el cambio que estableció Ann Rice fue un cambio de Punto de vista. Hasta ese momento el vampiro había sido visto desde fuera (era la amenaza, al margen de puntuales simpatías que pudiese despertar) mientras que ahora el lector empatizaba y compartía el punto de vista del vampiro: El lector era el monstruo. Ese cambio afectó lenta pero inexorablemente al imaginario vampirico. Jovenes Ocultos o Los Viajeros de la Noche mostraban el mundo de los vampiros desde dentro, aunque a través de un mortal atrapado en sus redes. La adaptación de Dracula por parte de Coppola, pese a su publicitada fidelidad a la novela de Stoker, incluía el punto de vista de Drácula, algo que Stoker había escamoteado pese a que su novela es un brillante juego de puntos de vista. El Juego de Rol Vampiro la Mascarada plagió las novelas de Rice y permitía a sus jugadores llevar personajes de vampiros y no los de los cazadores de monstruos como hasta ese momento había sido la tónica de los juegos de rol de temática terrorifica.

¿Por que el cambio de punto de vista? Tal vez la respuesta este en que el vampiro no podía ser percibido como un monstruo amenazador, porque las amenazas ya eran otras, como explica el imprescindible Doctor Repronto aquí Claro que si no es una amenaza es porque quizás ya todos eramos vampiros. La decadencia y hedonista aristocracia europea ya se había convertido en la norma a seguir por occidente y ya incluso el puritanismo USA lo acepta. La saga Crepúsculo ofrece novelas a lo Ann Rice con el suficiente grado de histerismo como para ser vistas como  aceptables por el Cinturón de la Bibilia: los vampiros, junto al otro mito sexual del terror, el hombre lobo, son retratados con mojigatería mientras las dosis folletinescas  aumentan en un imaginario puritano escrita por una mormona que afirma no haber leido ni visto historias de vampiros. Tal vez sea cierto, la osmosis cultural existe. Mientras tanto nadie parece darse cuenta (como me hizo ver mi amigo Ciro Altabás) que la saga crepusculo es una historia de viejo verde que deja en pañales la Lolita de Nabokov: un hombre de más de 100 años tiene una historia romántica con una adolescente de instituto. Tal vez es que el comportamiento de los personajes de filmes como An Education sea moneda corriente hoy en día y se pueda considerar como un filme de vampiros no sobrenatural.

Pero ya Neil Jordan había hablado sobre ello en la magnifica adaptación de la novela de Rice (superior en mi opinión al libro) donde cuatro vampiros mostraban la decadencia de la cultura de occidente: Armand, interpretado por Antonio Banderas, era el vampiro renacentista, que al apartar a Dios de la ecuación (“no he visto ninguna señal que condenase o salvase mi alma”) sólo podía jugar con representaciones manieristas.

Lestat (Tom Cruise) era el vampiro hijo de la modernidad, donde las reglas morales ya no le incuben y prefiere un camino claramente sadiano

Louis (Brad Pitt) era el vampiro romántico, que se enfrenta al mundo desde la angustia y la melancolía, tan sufrido como en el fondo inoperante, a la par que ¿casualmente? enamorado de una niña

por último el periodista que encarnaba Cristian Slater era un hijo posmoderno, que sólo le queda entender el mundo como puro goce sin pensar en el sufrimiento y que en el fondo tiene la enfermedad de finales del siglo XX…querer ser una estrella del rock.

Ahora sólo queda esperar a que se hagan peliculas de zombies desde su punto de vista y la espiral seguirá yendo un poco más abajo.

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One comment

  1. Clap, clap!! Muy bueno, y lo de Eyes Wide Shut lo has clavado.



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